Sunday, March 19, 2006

hoy

Hoy, recogiendo las cosas de casa, para terminar de empaquetarlo todo, he encontrado este cuaderno. Hacía un año que no escribía en él, o quizá algo más. Todo ha cambiado tanto desde entonces...me he puesto a releerlo, y mentiría si no te dijera que me he emocionado, que en algunos fragmentos, se me ha escapado alguna lágrima. Me ha alegrado mucho reencontrarme aquí, entre estas líneas.Hoy, todo es muy distinto a entonces. Hace un mes terminé mi carrera, ya soy licenciado. Hace más de medio año, Lourdes y yo decidimos continuar por caminos separados, aunque seguimos llamándonos por teléfono, tomando cafés o paseando juntos a Patsy, que sigue aquí conmigo, e igual que siempre, y a Laika; la verdad, es que Lourdes se portó como una auténtica amiga, y así sigue, de hecho, es mi mejor amiga, a pesar que a ella sus oposiciones la han llevado a otra ciudad. Y mañana yo partiré a otra distinta, con David, que ya le han dado destino, y nos vamos a vivir juntos. Seguro que allí donde vamos, hay trabajo para un biólogo recien licenciado, con muchas ganas de trabajar. Por eso Patsy y yo nos hemos puesto a recoger la casa, bueno, Patsy también se viene, por supuesto. Me apena dejar esta casa, vaciar todos los estantes, recoger mis cosas, y reencontrarme en ellas, como me he reencontrado en este cuaderno, reencontrándome contigo, que ya no llegarás a leerlo, o tal vez sí, eso nunca se sabe, la cantidad de vueltas que puede dar la vida...Hoy, en esta despedida, quiero decirte gracias, porque sin saberlo me has escuchado, me has ayudado a ser alguien, alguien normal y corriente, pero que se acepta y se quiere tal cual es, y esta lección, quizá la más importante de mi vida, la he aprendido en gran parte gracias a tí, y también gracias a mis padres, a mi hermano, a Lourdes, a David, a Jorge, a Hugo, a Mario, a Rober, a... bueno, y por supuesto, a Patsy, mi pequeña, que sigue a mi lado y seguirá a mi lado, durante mucho tiempo.Ya es tarde, y se me acaba el papel, así que aquí me despido con este gracias, mientras me dispongo a pasar mi última noche en esta casa, antes de bajar todo al coche de David mañana, y encaminarnos rumbo a nuestra nueva etapa en la vida, juntos, como llevamos desde los 9 años. Desearnos suerte a los tres. Nunca podré olvidar todo lo bueno que me habeis dado aquí. Gracias.

(este último capítulo está dedicado a mi familia y amigos que en el nombro, también a esos que no llego a nombrar, como Laura, Lau, Moncho, Vero, Andrea, Noe, Tiny, Dani, Su, Diego, Diego, Elena, Tete, ... y a todos y todas los que me habeis leido, a los que habeis posteado y a los que no, a todas y todos esos blogueros como M, missb, laura, muñecarota, maga, alzhu, kaleidoscope eyes, la niña gato, lluvia de emergencia, el hombre que, la chica de los botones, bohemia, noviembre, el esquimal, Amelie Poulain...y todos esos que me dejo porque me da pereza abrir favoritos...mis gracias más sinceras)

Tuesday, October 11, 2005

el adiós de Jorge

Esta tarde Patsy y yo hemos estado en casa de Jorge. Nos ha invitado a merendar allí para celebrar que he aprobado todo este Junio, o al menos, eso era lo que me había dicho.

Hemos llegado a su casa a eso de las seis, tal y como nos había pedido. Al llegar hemos pasado directamente al salón donde estaba ya todo dispuesto para una suculenta merienda a base de bizcocho, brioche y café, y de galletitas y agua para Patsy. Mientras merendábamos Jorge y yo hemos estado charlando sobre mis buenos resultados en los exámenes, sobre como he ido ordenando mi vida y cumpliendo mis objetivos, sobre esos ataques de ansiedad que, por suerte, han dejado de visitarme desde hace ya muchos meses, y de lo que me gustaría hacer este verano, ir de vacaciones con Lourdes y preparar para septiembre lo que me quedó en Febrero. Al rato, Jorge me pidió que me pusiera al piano y tocara. Me he pasado como dos horas tocando, desde alguna pieza sencilla de Rachmaninoff hasta el Let it be.

Según terminé de tocar, la pequeña Patsy, que no se había movido de debajo de mi asiento desde que empezó a sonar la música, ha salido de allí, y se me ha paseado entre las piernas, con ese gesto suyo de.."no es por molestar, pero yo tengo q salir...", y nos hemos despedido de Jorge. Ha sido una despedida emotiva, pues Jorge me ha abrazado, y antes de marchar, me ha dado una carta.

Patsy y yo hemos dado un paseo para que ella hiciera "sus cosas", y, al llegar a casa, he leido la carta sentado en el salón, con Patsy en mi regazo. En esa carta Jorge se despide. Me dice adiós. También me dice algo así como que ya estoy curado. Bueno, más bien, que él ya no puede hacer más por mí, y que el resto del camino me toca hacerlo solo; que ahora yo he de ser el único dueño de mi vida, y no guiarme por las pautas marcadas por otro. Sé que es un paso inevitable, que tenía que ocurrir, y que, en realidad, llevo tiempo ansieando este día, pero me da un poco de miedo, pues no sé si realmente estoy preparado, aunque no voy a echarme atrás ahora. Y también me entristece un poco, porque aunque sé que no estoy solo, que tengo a mi familia, a mis amigos y por supuesto a Patsy y a Lourdes, voy a echar de menos a Jorge.

¿Sabes?, con el tiempo tú también aprenderás que en la vida muy pocas personas estarán siempre a tu lado, aunque yo espero estar siempre al tuyo, así que nunca dudes en contar conmigo.

Thursday, September 29, 2005

Han pasado ya varias semanas desde la última vez que te escribí. No creas que me he olvidado de todas estas líneas en las que comparto contigo mi día a día, pero ha sido una época dura, pues todas las circunstancias que nos han hecho recortar tiempo juntos a Lourdes y a mí, nos han pasado factura, y hemos pasado por una pequeña crisis, que, aceptando que no tenemos todo el tiempo que deseamos, y que es mejor no correr, ir poco a poco, y tomarnos nuestra relación con un poco más de calma, hemos comenzado a superar y han empezado a mejorar las cosas, aunque todavía no sean como nuestros mejores días. Pero, hoy no quiero escribir aquí sobre eso, hoy quiero hablar de ti. Sí, porque estoy seguro de que tú vas a ser una de las personas más importantes de mi vida, pues siempre estaré dispuesto a hacer lo que sea por ti, y porque te querré con locura, e intentaré ayudarte a ser alguien muy especial, como siempre serás para mí. Por eso decidí que fueras tú el destinatario, o destinataria, de todas estas palabras, de mi día a día, de mi vida, porque estoy seguro que cuando llegue el momento te preguntarás como era yo en estos momentos, y creo que esta es la mejor manera de contártelo, haciéndote partícipe ahora, incluso antes de poder mirar tus ojos, que seguro son preciosos, y ya te has cansado de que te lo diga tantas veces, de todo lo que es mi vida, mi día a día, mis sentimientos más íntimos y mis miedos, pues estoy seguro de que podrás aprender mucho de mis errores, y ojalá sirva para que tú no los repitas. Y también me gustaría que todas las palabras que comparto aquí contigo, todos estos sentimientos, todos estos momentos, sirvan para que entiendas un poco mejor el mundo que te rodea, y mi manera de querer, y el porqué tú estás aquí, y toda la historia de mi vida, que seguro que en parte también es la tuya. Siendo completamente sincero tú eres lo que más me ilusiona ahora, y eres mi ilusión más compartida, a pesar de las circunstancias actuales, de eso estoy seguro, y también la razón de que muchas veces, no me venga abajo, y decida seguir adelante, pues me motivas, y espero que cuando tú necesites algo, cuando te vengas abajo, no dudes en acudir a mí para que te ayude, a pesar de todas las barreras que puedan existir entre tú y yo. Sabes, seguro, y quiero que nunca olvides, que aquí siempre tendrás unas palabras de aliento, un abrazo, unos momentos de comprensión, un apoyo, o lo que tú desees que yo te pueda dar, pues por ti daría mi vida, ya que estoy seguro de que la llenarás de un nuevo sentido, totalmente compartido con quien más quiero. Fíjate que te estoy hablando ahora, que ni siquiera te he visto, y te estoy echando de menos, como si ya te hubieras ido, con este cuaderno bajo el brazo, a hacer tu vida. Espero que siempre me reserves un hueco en ella, y no solo a mí, también a todas las personas que quiero, a mi familia, que será tu familia; a Lourdes, a la que seguro querrás con locura, aunque también estoy casi seguro de que nunca la llamarás por su nombre; a Patsy, mi pequeño trozo de cielo al que espero llegues a conocer por algo más que este cuaderno; a mis amigos, que espero llegues a conocer y a apreciar. Y espero que sepas entender y perdonar mis errores, como yo aprenderé a entender y perdonar los tuyos. No sé, pero a veces tengo la sensación de que nunca acabaré de ser una persona completa, una persona madura, ni cumplir todos esos objetivos que Jorge y yo hemos ido apuntando durante todo este tiempo de terapia, hasta que pueda verte por primera vez, darte ese primer abrazo, y sonreír como nunca antes lo había hecho. Ojalá mi vida ahora me permitiera decirte hasta pronto, y poder darte ese abrazo cuanto antes, pero como por desgracia irás aprendiendo, la vida es un camino que siempre se nos hace demasiado cuesta arriba, y siempre acaba retrasando nuestros mayores anhelos.

Perdona si hoy me he puesto demasiado sentimental, pero te merecías todo un día sólo para ti en este cuaderno, mi cuaderno, y el de Patsy, y también el de Lourdes por todo lo que va apareciendo por aquí, y por supuesto, y sobre todo, tu cuaderno. Nunca olvides que siempre tendrás mis brazos abiertos, y mis oídos dispuestos a escucharte.

Wednesday, September 14, 2005

ordenando

Patsy y yo hemos salido a pasear, como cualquier otro domingo, mientras esperamos a que Lourdes me llame diciéndome que ya ha llegado de pasar el día en el pueblo, y poder dar un paseo juntos, tomar un café,… ser felices y sentir esa calidez de la alegría en mitad de esta tarde ya vestida de noche por el frío invierno. Estamos en un parque cercano a casa, es un parque pequeño, no es el de siempre, sino otro que siempre está abierto, y donde hay una zona con una valla habilitada para los perros, y allí, en esa especie de corral, está ahora Patsy, suelta, jugueteando con otro cocker, mientras yo me siento en un banco, y sacando mi libreta, comienzo a planificar. Mañana será el tercer lunes de febrero, y retomaremos las clases. La gran ventaja de que todas mis asignaturas sean cuatrimestrales es que todos los años tengo una segunda oportunidad, aunque distinta. No voy a dejarme desanimar por las notas que he sacado en esta última convocatoria, pero sí aprender de los errores. Sé que puedo hacerlo. Sacar un par de horas al día para estudiar, y el resto del tiempo distribuirlo entre clases, la casa, Patsy (que ya está junto a la valla mirándome con esa carita, como diciéndome “¿me sacas ya de aquí?”), e intentar ver a diario a Lourdes, pero con su trabajo y la carrera, eso va a ser más complicado…uf…

Patsy y yo caminamos camino a casa, a descansar un ratito, pues aún queda casi una hora para las nueve, que es cuando Lourdes suele llegar. Pienso en invitarla a cenar, y contarle todas estas cosas que ahora, mientras espero su llamada, te cuento a ti. Me asusta un poco agobiarme con todo, pero creo que he de intentarlo, sabiendo que no va a ser fácil, pero he de hacerlo, por mí sobretodo, pero también por toda la gente que me apoya y me quiere, y tiene tantas esperanzas en que pueda sacarlo adelante. Demostrar que soy capaz de llevar mi vida, y que soy lo suficiente responsable e ¿independiente? Creo que el tema de mi independencia es algo más espinoso, pues es como un poco ficticia. Sí, vivo solo, en una casa de mis padres, que ellos han habilitado para mí, ellos son los que me pasan el dinero mensualmente y costean mis estudios. Así que, como ves, no soy la persona más independiente del mundo, más bien al contrario. A veces me siento un poco culpable con ello, no sé, mi hermano marchó de casa el día que sacó la oposición, pues tenía que irse a otra ciudad, y cuando lo hizo ya estaba licenciado y todo eso, pero yo…en fin, yo marché el día que mi psicólogo lo dijo. Recuerdo que para mi madre fue un poco un palo, pues pensó que eso era porque ella era una mala influencia o algo así, pero Jorge se lo aclaró. Mi gran problema, bueno, uno de ellos, era de inmadurez. De no saber que era la vida realmente, y viviendo aquí se supone que lo descubriría, y creo que lo voy haciendo. Poco a poco. Como todo, supongo.

Mi teléfono ha comenzado a sonar, así que me despido ya por hoy, que tengo que invitar a cenar a una chica maravillosa…sabes quien es, ¿no?...exacto…Lourdes.

Hasta pronto.

Thursday, August 25, 2005

San Valentín

Anoche fue especial. Anoche, noche de viernes del 14 de febrero, esa fecha que siempre me negué a celebrar escudándome que solo era una maniobra consumista para sacarnos más dinero y aborregarnos en un sistema que domesticaba al ser humano y bla, bla, bla,…, pero, anoche, por primera vez en toda mi vida, lo celebré. Y mentiría si no reconociera, así, entre tú y yo, que me encantó. Que me dio igual si lo inventó el Corte Inglés, o los japoneses para paliar la crisis de la cuesta de enero, y tener un día más en pico de gastos entre navidades y las rebajas, o que sea verdad que es un día especial. Bueno, para mí, puedo asegurar que fue muy especial.

Todo empezó como un viernes cualquiera, Lourdes quedó de pasar por casa a cenar cuando saliese del trabajo, y yo prepararía la cena. Recuerdo que al principio siempre intentaba impresionarla con recetas complicadas, y poníamos la mesa en el salón, y, con el tiempo, fuimos cambiando la mesa por el sofá y comiendo más o menos lo que nos apetecía, mientras veíamos una peli, y la pequeña Patsy se dormía a nuestros pies. Pero anoche, anoche quería que fuese especial, así que volví a poner la mesa, con todo el gusto que fui capaz.

Me pasé toda la tarde preparándolo, haciendo la compra y acercándome a una tienda de estas de menaje y cosas para la casa a por unos portavelas y unas velas que fuesen bonitas. Fue muy curioso como Patsy, mientras íbamos y veníamos, y me esperaba a la puerta de cada tienda, fue la que se acordó del detalle más importante. Fue al pasar por delante de una platería pequeña, pero que tiene unas cosas preciosas, cuando Patsy tiró de mí ante el escaparate, y allí, vimos un precioso anillo, que, por supuesto, compré para Lourdes. Luego, al llegar a casa llegó el momento de preparar la comida, así que intenté volver a lucirme con un plato que estuviese rico y fuese un poco sofisticado, así que preparé una merluza con una salsa muy especial, que, por suerte para todos, fue un experimento muy satisfactorio. Compré un buen vino blanco que enseguida metí en el frigo, y puse la mesa con las velas y todo, cuidando todos los detalles, pues la ocasión merecía la pena, ¡mi primer San Valentín!

Lourdes apareció justo a las diez por la puerta. Iba preciosa, vestida con un vestido rojo largo debajo de su abrigo, el pelo suelto, toda esa melena morena rizada preciosa, y maquillada con ese toque casi inapreciable que la hace parecer tan distinguida. Por un momento me sentí como un mocoso a su lado, allí estaba ella, toda una señorita, preciosa y con clase, y yo, con un traje oscuro en el que no me acababa de encontrar cómodo, con el primer botón de la camisa suelto, y la corbata un poco abierta, y con mis pantuflas en los pies para rematar el conjunto. Aún así, cuando le recibí, Lourdes me sonrió con un “que guapo” antes del beso de hola, ese beso breve, urgente, cargado de cariño y ganas, que se posa sobre mis labios por un momento, haciendo que todo en el mundo valga más la pena. Así que una vez más su sonrisa hacía desvanecerse mis miedos y mis inseguridades.

Pasamos al salón, y allí, a la luz de las velas, y con la pequeña Patsy (que ya había cenado) acurrucada a sus pies, comenzamos a cenar. Lo serví todo como un gran anfitrión, pues quería, ante todo impresionarla. Aunque creo que después de las tardes anteriores renegando de este llamado día de los enamorados ya estaba bastante sorprendida.

La cena transcurrió entre sonrisas, mientras la escuchaba hablarme de su trabajo, ya ves, algo tan cotidiano, y nunca me ha llegado a cansar escucharlo. Supongo que es porque es parte de su vida, y me encanta sentirme parte de su vida. Poco a poco los platos se fueron vaciando, el vino se fue acabando y llegó el postre. Saqué la mouse de chocolate que había estado preparando esa tarde, y junto al cuenco de Lourdes, en el plato sobre el que iba, se encontraba un pequeño paquete; el anillo. Al verlo se la iluminaron los ojos, y sonrió con esa sonrisa tan amplia, bellísima, que siempre me hace pensar que la vida vale la pena, y que ningún miedo puede hacerme renunciar a seguir adelante, aunque solo sea por sacarle esa sonrisa. Le gustó mucho el anillo, aunque la venía un poco grande, y me lo agradeció con uno de sus besos tan dulces, y con un abrazo.

Nos sentamos a comer la mouse en el sofá, dándonos cada uno al otro cucharaditas a la boca, jugando, y sonriendo cada vez más. Llegado un momento, Lourdes dejó su cuenco sobre la mesa, y se recostó entre mis brazos, nos quedamos abrazados, besándonos, ya con los dos cuencos sobre la mesa, hasta el momento en que, mirándola a los ojos, esos ojos verdosos tan preciosos y que tantas alegrías me están dando, salió de mi boca mi mayor deseo; aquello que nunca pensé que yo me atrevería a decirle: “quédate esta noche conmigo”.

Ahora, como ya comprenderás, porque ya serás mayor para imaginarte las cosas, e imagino que preferirás que evite los detalles, solo diré que Patsy supo que esa noche sería mejor dormir en el salón, que Lourdes y yo no dejamos de demostrarnos todo lo que nos queremos en toda la noche, y que, ahora, justo antes de desayunar y mientras escribo esto Lourdes está empezando a despertarse. Es extraño. Siempre pensé que, al igual que mis amigos, ardería en deseos de contar esto, mi primera vez, y más teniendo en cuenta que siempre se fue retrasando por mis inseguridades y mis problemas. Pero no quiero decir más, es algo tan mío, que solo quiero que Lourdes lo sepa. Porque es solo nuestro. Y es demasiado bello como para explicarlo con palabras.

Nunca pensé que diría esto, y menos que lo escribiría quedando así constancia de que lo dije, pero me ha encantado celebrar San Valentín, sea o no un invento de los japoneses o del Corte Inglés. Me da igual. Para mí, este día, lo hemos inventado entre los dos. Porque seguramente, las cosas bonitas, o tan bonitas, solo se puedan hacer entre dos.

Tuesday, August 23, 2005

sonrisas

Esta mañana he tenido sesión con Jorge. Hemos hablado de los exámenes recientes, de los malos resultados, y de mi desánimo, pero también de todo lo positivo que ello ha podido conllevar, bueno, ya irás conociendo poco a poco la manía de Jorge de querer siempre aprender algo de todo, y sacarle todo lo bueno que pueda tener. Hemos estado hablando de que es normal que me cueste retomar los estudios después de un año en blanco, que necesito más tiempo y mejor organización, pero que no debo desanimarme, y que, además, tengo la suerte de haber recibido el apoyo de todos los que me quieren. De mis compañeros y mis amigos, que le han quitado importancia y se han ofrecido para echarme una mano. De mis padres, que pensé que se enfadarían por los resultados tan desastrosos, pero han sido comprensivos, y, aunque sé que están un poco decepcionados, no han dejado de apoyarme. Y, por supuesto, de Lourdes, que en ningún momento ha dejado de estar ahí, y de hacer lo indecible por sacarme una sonrisa. Es curioso como esta mañana Jorge y yo empezamos a hablar de los exámenes, y yo acabé hablándole de Lourdes, bueno, aunque, por lo que me dijo no es tan curioso, porque últimamente hablo mucho de ella, o eso dice Jorge, que siempre acabo hablando de ella. De hecho, me ha pedido que, si puede, que la pida que se pase un día a hablar con él, que le gustaría comentarle algunas cosas de mí, de mi evolución. Al principio me ha sonado muy raro, y supongo que puse alguna cara extraña, porque a continuación me dijo que no me preocupara, que solo quería comentarla lo importante que está siendo en mi recuperación. He sonreído al oír eso. ¿Quién no sonreiría con algo así? Me siento tan orgulloso de ser tan especial para una persona tan importante para mí…

Patsy está ahora tirando suavemente de los bajos rotos de mis vaqueros de andar por casa, que me tiene ya tan mordidos, mirándome con esa carita como diciendo “¡venga, vamos, es la hora de mi paseo, vamos!”, así que me cambiaré ahora de ropa y nos iremos los dos de paseo, y como siempre, supongo que me volverá a ganar en nuestra particular carrera escaleras abajo hasta el portal. Quizá le demos una sorpresa a Lourdes y vayamos a buscarla al trabajo. Hoy estoy feliz, y sonrío, y estoy seguro de que la alegrará verme sonreír después de estos días.

Saturday, August 20, 2005

me pesa el miedo, me falta tu abrazo

Hoy ha salido la última nota. Lo he suspendido todo. Me siento hundido, arruinado, cargado de rabia y de insatisfacción. Me siento frustrado conmigo mismo, tanto esfuerzo para nada. No quiero llorar por algo así, pero se me escapan las lágrimas, y la pobre Patsy me mira angustiada, y yo no hago nada. Me quedo quieto, como un pasmarote, sin hacer nada. Pensé que me había esforzado lo suficiente, que lo iba a conseguir, pero una vez más la vida vuelve a darme un revés. Una vez más me hundo ante las consecuencias en vez de enfrentarlas. Ojalá Lourdes llegue pronto. Necesito su abrazo.

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.